"Biblioteca ambulante" Tercer año
Quiero cuentos, historietas y novelas
pero no las que andan a botón.
Yo las quiero de la mano de una abuela
que me las lea en camisón.
María Elena Walsh
pero no las que andan a botón.
Yo las quiero de la mano de una abuela
que me las lea en camisón.
María Elena Walsh
Las alumnas de Tercer año, con la profesora Corina Legnazzi, de Literatura, realizamos una biblioteca ambulante.
Para realizar la compra y elección de los libros de cuentos, se tuvieron en cuenta muchos de los fundamentos explicitados debajo de esta breve introducción.
También se realizó una fundamentación del proyecto de biblioteca, a partir de la bibliografía ofrecida por la profesora.
Algunas alumnas realizaron una biblioteca para cada sección del Nivel Inicial (1°, 2°, 3°), otras eligieron sólo una sección para realizar el proyecto.
La imagen que se puede visualizar,es de cuentos para las distintas secciones del Nivel.
¿Para
qué sirve la literatura infantil en la primera infancia?
Los libros de literatura presentan un
mundo imaginario en el que los protagonistas actúan de acuerdo a pautas
solamente válidas dentro del texto de ficción. Y esta convención la descubren
inmediatamente los niños, aún los muy pequeños. Los animales pueden hablar,
pensar, tomar decisiones, se visten como personas, reaccionan con conductas
similares a las del mundo humano. El antropomorfismo es legendario, estuvo
presente en las más antiguas fábulas de Esopo, y luego en La Fontaine y en
Samaniego.
En la actualidad este deseo de
encontrar animales humanizados continúa vigente en la selección de juguetes en
la primera infancia: ositos, ratones, tigres, lobos, leones, se venden en las
jugueterías y los niños los eligen, se los llevan a la cama como mascotas casi vivas,
les hablan, los abrigan. Es natural que también disfruten de estos personajes a
la hora de abrir un libro y ver a estos amigos de sus juegos dibujados y protagonizando
historias. La identificación con el personaje del texto literario, es el punto
de partida para que deseen escucharlo, hablarlo, y a veces inventar nuevas aventuras
de su héroe predilecto.
De modo que los niños se relacionan
con la literatura como parte una actitud lúdica en el mundo, como un juego más
que ahora está presente en la voz de la maestra, o en un film, o en un libro
con imágenes. Este criterio de elección fue considerado válido a partir de las
investigaciones sobre la infancia que abrieron las puertas a un tipo de literatura
apartada de cánones didactistas o moralizantes. Es decir, cuando los niños aparecieron
claramente como personas, como sujetos de derecho, se intensificó la producción
de libros que provocaran realmente el DESEO DE LEER en ellos.
Los personajes literarios más
atractivos son por lo tanto los que juegan, los que quiebran el orden
establecido, los que se aventuran y descubren Otros Mundos, sufren vicisitudes,
pero salen airosos de esas circunstancias. El bosque es atractivo, pero el Lobo
no tiene por qué comerse a nadie como castigo al atrevimiento de apartarse del sendero.
A los niños les gustan los seres imaginarios, los perros voladores, los ratones
que van a la luna en barrilete, los caracoles que se sacan su casita libremente.
En una palabra: la exageración, lo fantástico, la ruptura definitiva de las
fronteras de lo real.
A
la hora de elegir... ¿qué criterios podemos tener en cuenta?
La palabra “criterios”, tiene gran
resonancia en al ámbito educativo. En este caso y tratándose de libros
infantiles, usaremos la palabra en su sentido más simple, no restrictivo ni
autoritario. Podemos incluso reemplazar “criterios” por “miradas”, y formularnos
esta pregunta:
¿Qué
tenemos en los “ojos” de adentro para aceptar o descartar los libros que les vamos
a ofrecer a los niños del Nivel Inicial?
El
valor estético de una obra literaria infantil
La literatura habla de las cosas que
conmueven, que estimulan el pensamiento sobre lo que nos está pasando, que
arranca sonrisas o lágrimas, y que deja como única enseñanza, ese contacto con
la palabra que abre un mundo nuevo, desconocido tal vez, antes de leer ese
texto. Pertenece al campo de la creación artística en el que no existen moldes
establecidos. La trama de un texto responde a saberes muy íntimos de su
creador, y ninguna academia del mundo puede enseñar ese saber.
El escritor cuando es verdaderamente
un artista, coloca en primer lugar las imágenes, la palabra poética, trabaja
sobre cada expresión incansablemente hasta dar con la forma justa. Dice cosas,
pero de tal manera que su voz llega a lo más hondo del corazón humano.
Si una escritura solamente trata de
explicar un concepto de una manera racional, es poco probable que se trate de
literatura. Se trata de un texto, pero no literario porque su intención es
informar al lector sobre un tema determinado. Un libro que describe la forma de
alimentación de los peces, por ejemplo, es sin duda un libro que pertenece a la
disciplina “Ciencias Naturales”.
El
cuidado pedagógico o la presencia invisible del lector.
Pero no alcanza con la certeza de la
buena escritura, porque resulta necesario en nuestro caso, pensar en la manera
particular como los pequeños lectores ingresarán en ese universo lingüístico.
El nivel de lengua utilizado por el autor, aproxima o distancia a los lectores
potenciales. ¿Cómo resultará más eficaz su comunicación con niños de dos o tres
años? Y los que ya tienen cuatro o cinco, ¿qué diferencias tienen con los
anteriores?
Con frecuencia preocupa a los docentes
la aparición de palabras de poca circulación, ya que se supone que los niños
las desconocen y no comprenderán el sentido de la narración o del poema. Sin
embargo, nada complace más a un niño que escuchar por primera vez una palabra,
interrogar sobre su significado, escuchar una respuesta satisfactoria. No es el
vocabulario “difícil” lo que debe inquietarnos.
¿Y
dónde pondremos la mirada?
Un gran tema es la organización
sintáctica del texto narrativo. Las oraciones muy extensas, con gran cantidad
de información apretujada, no permite el acceso fácil del niño que escucha. Los
textos para los primeros años, que son los que aquí nos interesan, deben
transmitir las ideas de manera coloquial. Pero esto no quiere decir que no
exista profundidad, pensamientos profundos.
Otro aspecto es la representación de
infancia del escritor, su conocimiento sobre la manera como los niños pueden
ingresar a la ficción. Este saber se logra con buena bibliografía, pero también
con el contacto real con los interlocutores.
La pedagogía nos brinda también
herramientas para conocer los centros de interés temáticos en cada etapa
evolutiva, y nos permite saber que se van modificando a través del tiempo, y
que pueden ser una constante aún en diferentes contextos culturales. Así
sabemos que a los bebés les atraen más las historias en las que se ponen en
juego un personaje infantil y un objeto conocido- una pelota, un pájaro, una mariposa-
o una figura femenina que pueda asociar con su mamá verdadera o sustituta.
A medida que avanzamos en el tiempo,
encontramos a los niños de dos o tres años.
En esta edad disfrutan de narraciones
en las que intervienen más personajes y los hechos del cuento suceden en
espacios que les gusta recorrer: la plaza, la calesita, el mar. Es decir,
aparece el interés por espacios exteriores en los que pueda producirse una
aventura de la que puedan sentirse protagonistas. Eligen con frecuencia personajes
que se disfrazan y engañan a otros, y situaciones lúdicas en las que ya no está
presente el adulto.
Los niños de cuatro y cinco años, se
inclinan por los elementos mágicos o sobrenaturales, como los que aparecen en
los cuentos tradicionales. Nace la curiosidad por temas más complejos: el amor
en la pareja, la sexualidad, los nacimientos, la muerte, las aventuras en
lugares extraños, y toda historia en la que los protagonistas se alejan de la
tutela familiar y atraviesan por sí mismos las dificultades o las amenazas del mundo
exterior.
Podemos observar que existe un
tránsito de la dependencia absoluta del bebé con el mundo adulto hacia la
incipiente autonomía de los niños al llegar a los cinco años, previa al
comienzo de la escolaridad primaria. Y este tránsito natural se ve reflejado en
estas tendencias por determinado tipo de libro de literatura. Pero atención:
nunca tendremos fórmulas definitivas, porque no existen dos niños iguales. En
lo que se parecen todos, a cualquier edad, es por el inmenso placer que les
producen las historias que los transportan a un mundo diferente, con
provocaciones a su imaginación, a su sonrisa, y también a su emoción más
oculta. Les gusta, como al público lector adulto, que los asombren.
La literatura infantil puede acompañar
al niño lector, ayudarlo y acompañarlo en su desarrollo. También estimularlo en
la búsqueda de realidades diferentes a las que se suceden en su vida y a pensar
críticamente su realidad y la del mundo en el que crece.
Para que esto ocurra, el libro de
literatura debe acertar con sus interrogantes, sus búsquedas, que están en él,
simplemente están, a la espera de ese libro que lo satisface con alguna
respuesta.
